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Lo que empezó como una “inmersión” para afinar mi inglés se convirtió, cuatro años después, en una de las decisiones profesionales y personales más valiosas que he tomado. Cada otoño preparo la maleta para una estancia de tres meses en Philadelphia. Allí tengo una rutina, una ciudad que ya siento mía y una “familia americana” que me acoge como una más. Y, sobre todo, tengo un espacio vivo de aprendizaje y contribución que enriquece mi trabajo con mis clientes y equipos.
Philadelphia es para mí una pausa activa desde la que observo tendencias, pruebo herramientas y acompaño a líderes en contextos nuevos. Este año repito dos ejes clave:
Estar en una ciudad tan cosmopolita me permite ver en primera persona distintas realidades y abrir la mente a una perspectiva global cada vez más presente en las organizaciones. Todo eso me lo llevo a mis sesiones online (sí: aunque esté allí, sigo trabajando con mis coachees, estén donde estén, en español o en inglés).
¿Cómo se traduce en valor para ti?
Un encuentro que reúne a miles de profesionales y que ofrece keynotes, sesiones y espacios de Career Coaching. El año pasado ofrecí allí sesiones de coaching en inglés y este año vuelvo a sumarme para escuchar, aprender y aportar desde el liderazgo emocional y consciente. Es para mí un privilegio poder estar, una vez más, en un entorno tan estimulante.
Por si todo lo que llevo haciendo en Philadelphia desde años anteriores fuera poco, este año sumo una experiencia más —y no es una experiencia cualquiera—: la 5th Biennial International Columbia Coaching Conference, en Columbia University (NYC). Un punto de encuentro con colegas internacionales para actualizar prácticas, investigar tendencias y contrastar enfoques avanzados de coaching ejecutivo. Lo que allí testeamos y debatimos aterrizará después en mis procesos con líderes y equipos.
Una experiencia transformadora que va más allá de la técnica, y pone en el centro las personas, la comunicación, las emociones y el propósito.
Sí, Philadelphia es afecto, calles que ya reconozco y un acento que me abraza. Pero también es rigor que no pierdo por estar aquí. Aprovecho el amplio abanico de posibilidades que ofrece este entorno (conferencias y networking de alto nivel), aglutino experiencias y las vuelco en el trabajo que llevo a cabo con directivos:
Porque el talento no basta. Porque la técnica sin emoción se queda corta.
Y porque el bienestar del equipo influye directamente en el servicio, la experiencia del cliente… y la rentabilidad.
Hoy sabemos que desarrollar habilidades como la escucha activa, la asertividad y la empatía no solo mejora el clima de trabajo: también impulsa la eficacia, la retención de talento y la capacidad de afrontar la presión con resiliencia.
Cada Thanksgiving agradezco tres cosas: la confianza de quienes me acogen, la curiosidad de quienes aprenden conmigo y la responsabilidad de seguir devolviendo valor. Me vuelvo en diciembre con la libreta llena y la brújula enfocada para ayudarte a liderar con más claridad, empatía y resultados.
Si quieres que trabajemos juntos a mi vuelta (o en remoto durante mi estancia), escríbeme y diseñamos un plan a tu medida —individual o para tu equipo— en español o en inglés.